Migración nica a España tiene rostro femenino

  • En los últimos tres años en Nueva Segovia y Madriz se ha extendido un velo silencioso: la migración de sus mujeres
  • Se enrumban a España, y para viajar adquieren deudas hasta por 4 mil dólares, todo por un trabajo como domésticas o para cuidar a personas con Alzheimer
  • La mayoría son profesionales de entre 20 y 50 años.  Son víctimas de discriminación y maltrato.  Hay unas pocas a quienes les va bien, mientras otras son obligadas a prostituirse

Amparo Aguilera

El Nuevo Diario / MANAGUA Y MADRID

“Rafaela” Espinosa, ya roza los 30 años. Han pasado dos años desde que llegó a España como turista y ahora vive un encierro de 24 horas. Cuida a una anciana en un pueblo ubicado a una hora de Bilbao, localidad del norte de España.

Pero no se queja. Espinosa, cuyo nombre real es otro, pero pide el anonimato por encontrarse ilegal, cuenta que gana al mes 1,200 euros, que equivalen a un poco más de 1,400 dólares. Cifra que en córdobas totalizan 29 mil 960 córdobas.

Nada mal para una mujer que en su cuidad natal, Ocotal, al norte de Managua, apenas ganaba 100 dólares, es decir un poco más de 2,100 córdobas, dinero que se le iba sólo en la comida de la quincena, según dice.

“He tenido suerte, con lo que gano voy saliendo de las deudas y le envío 300 dólares (más de 6,400 córdobas) al mes a mis hijos, y yo sobrevivo con otros 300 dólares, no he podido ahorrar, pero voy saliendo de las jaranas, tengo suerte”, repite una y otra vez.

Sin embargo, al mismo tiempo agrega: “El costo es grande, la vida en España es dura, no tengo a mis hijos cerca, a ningún familiar. Me siento como presa y el pueblo es bien triste. No hablo con nadie y sólo tengo un día libre, de sábado para domingo, para salir”, reitera. Aunque en realidad sólo dispone de 12 horas para distraerse.

El ayer y el hoy

Día y noche debe velar por la abuela, una señora que sobrepasa los 70 años. La baña, la viste, le da de comer, ve la televisión con ella o le lee y se encarga hasta de limpiarla cuando defeca.

Dos años atrás ella trabajaba en una entidad estatal, de 8 de la mañana a 5 de la tarde. Recuerda que, de vez en cuando, salía a bailar a la discoteca del pueblo los fines de semana.

Y a diario trataba de llevar a sus hijos, de siete y de 13 años, al parque de la ciudad, uno de los más hermosos del país. Ellos ahora están al cuido de la abuela materna y poco salen de la casa.

“Amanda” López, quien también pidió que se omitiera su nombre real, es otra migrante norteña. Ella está en otra comunidad al norte de España, una zona con orígenes aristocráticos y famosa por sus atractivos para veranear.

López arribó a esa ciudad hace cuatro meses y aún no encuentra trabajo. Refiere que prestó a un usurero 3 mil dólares para el viaje, con el famoso interés del 20%.

“Ahora no sé cómo hacer. No me puedo regresar sin ningún centavo, tengo tres hijos y mi esposo trabaja a como puede en El Jícaro (municipio de Nueva Segovia). Es soldador y gana sólo para medio comer. No, no puedo irme a Nicaragua”, insiste.

Ella, de momento, está en el albergue de una iglesia católica. Allí le garantizan la comida, y a diario se da a la tarea de buscar trabajo. “Pero es difícil, ahora también las españolas están dispuestas a trabajar como domésticas, de lo que sea, entonces hay competencia. Mire, no hay día que no le pida a la virgencita un trabajo, porque siento que para nada crucé el océano”, comenta casi en llanto.

Agencia “las prepara” y eso toma hasta un mes

López recuerda que cinco meses atrás aún “la repensaba” para irse a España. “Compré el boleto del avión en una agencia de viaje que me recomendó una amiga que esta aquí en España, allí ya sabían que no iba como turista y me dijeron que tenía que vestirme con buena ropa, sin exagerar, y también tenía que hablar como una mujer culta para no ser deportada, no estaba segura de lograrlo: soy sólo una maestra”, indica.

No obstante, “ya tenía el boleto del avión y no tenía de otra. Me acuerdo que todos los días buscaba palabras nuevas en el diccionario, parecía loca. Así estuve un mes antes de viajar y luego me decidí y me vine a España”, relata.

En el Norte de Nicaragua hay por lo menos dos agencias de viajes, que aparte de vender los boletos a España, se dedican a este tipo de asesoramiento, que incluye cambio de imagen, y lo ofrecen como un valor agregado.

Extraoficialmente se confirmó que por cada boleto que venden, cuyo precio oscila entre 1,800 a más de 2,000 dólares, según la temporada y los gastos que le suman al boleto, las agencias se ganan una comisión que va del 5 al 10%. Esto incluye la “preparación” de las mujeres.

“A la agencia me vienen mujeres de toda clase”, afirma una de las ejecutivas de una de las agencias descritas, que brindó la entrevista bajo la condición del anonimato.

“Si yo veo que hablan bien, con fluidez, –añade la mujer– ya sé que es profesional, entonces sólo le digo: ‘Mire, dese una retocadita en el pelo, píntese un poquito más, y vístase un poquito más moderna’. De modo que en diez días esa mujer está lista para el viaje”.

“Si no, ni de Nicaragua salís…”

Sin embargo, “si veo que es un ama de casa la que me viene o una empleada doméstica, incluso campesinas, yo le digo: ‘No mamita, vaya y cómprese ropa más cara, vaya a una tienda, no al mercado. Luego se me va a un salón de belleza y diga que le hagan un corte de pelo moderno, que se lo planchen, y luego venga de nuevo donde mí para enseñarle a pintarse y a hablar bien, sino, ni de Nicaragua va a salir”, comenta.

“Esas mujeres (amas de casa, empleadas domésticas o campesinas) me toman hasta un mes prepararlas –agrega–, yo les digo hasta los gestos que deben hacer, y repaso con ellas todas las preguntas que les pueden hacer las autoridades de migración”, apunta la ejecutiva.

Ese “repaso” es como una lección que deben aprenderse de memoria. “Por ejemplo. ensayamos las respuestas para varias preguntas: ¿Qué van a hacer a España? Ellas deben decir que van como turistas. Si les preguntan: ¿Dónde van ir de paseo? Entonces deben decir con aplomo: a algunas ciudades de España. Si les dicen: ¿Cuánto dinero llevan? Deben indicar la cantidad, que debe ser de 3 mil dólares a más, y explicar que van a comprar algunos regalos”, expresa.

Es más. “Hasta la ropa que llevan debe coincidir con el hecho de que van como turistas… así como el hotel donde se van a hospedar. En fin, es un trabajo aparte”, sostiene la ejecutiva.

A veces no resulta y pasan apuros

Espinosa también fue asesorada. “A mí me dijeron, incluso, que al arribar al avión buscara las filas de los ejecutivos para que no me hicieran tantas preguntas, así lo hice en cada escala del viaje. Pero aun así me agarraron en Francia”, destaca.

En el Aeropuerto de París, Espinosa revela que le tiraron el pasaporte al piso al no creerle que iba a como turista a España. “No sé, creo que el acento no me ayudó. Las chelas no me creyeron, me llevaron junto a otras mujeres a un cuarto aparte y allí nos desnudaron, según ellas buscando drogas. Al no encontrar nada nos dejaron allí durante seis días, luego me llamaron, y un chele que hablaba español me volvió a interrogar”, recuerda la joven.

— Dices que vas como turista, ¿pero dónde esta tu guía de viaje? Le inquirió el funcionario de migración, según recuerda Espinosa.

— “La dejé en la maleta, no la ando conmigo porque ustedes me la quitaron”, contestó la mujer.

— ¿Qué lugares vas a visitar? Le insistió el hombre.

— “El norte de España, algunas provincias, pero primero quería pasar unos días en Francia, tengo aquí una amiga y quiero ir a la Torre Eiffel porque es famosa”, respondió Espinosa.

– Pero en el itinerario dices que te hospedarás en un hotel… no donde tu amiga, le reprochó.

— “Ideay, no quiero molestar demasiado a mi amiga, primero estaré en el hotel porque no soy ninguna pobretona, y luego buscaré a mi amiga, pues ella me invitará a algunos sitios, creo que iremos también a museos y no quiero abusar”.

— Pero veo que llevas tres mil dólares…

— “Sí, quiero llevarle recuerdos de Francia y España a mi familia y a mis amigos, ¿Acaso eso es un delito?, preguntó Espinosa, según rememora.

— ¿Cuánto ganas en tu país?, insistió entonces el funcionario, según Espinosa.

– “Mil dólares”, le contestó. Tras eso, “me pidieron el teléfono de mi jefe, y el funcionario dijo: Bueno, vamos a analizar tu caso… y tuve suerte, no me deportaron”, comenta Espinosa, quien refiere que le tomó de dos de la tarde a siete de la noche dar con la salida del Aeropuerto, de los nervios que aún tenía.

Salen entre 10 y 25 mujeres para España

Jamileth Toledo, Presidenta de la Asociación Solidaria Linda Nicaragua, conformada en España en 2009, sostiene que cada mes les llegan entre 10 y 25 migrantes procedentes de Madriz y Nueva Segovia.

“Vienen sólo mujeres, porque para ellas es menos difícil conseguir empleo, a los hombres les cuesta mucho”, argumenta Toledo. La mayoría son profesionales y portan cartas de recomendación del padre Emilio Álvarez, de origen español, quien, según dice, afligido por las penas de las mujeres opta por apoyarlas.

“Sé que no está bien que se vaya el capital humano de Nicaragua, pero ellas me refieren que tienen problemas económicos y que su única salida es irse a España. Entonces les extiendo la carta donde hago ver que son personas de bien, honradas y con valores. Esto no es una garantía para que las empleen, pero les abre puertas”, comenta el padre.

Muchas, inclusive, son maestras. El delegado departamental del Ministerio de Educación en Nueva Segovia, profesor Rolando Olivas, especifica que en los últimos dos años, entre cinco y ocho maestras de primaria renuncian para migrar a España.

“Esa tendencia, principalmente, la estamos viendo en Ocotal, Jícaro y Jalapa. Ellas exponen que se van porque tienen deudas y no pueden sostenerlas. Así que optan por esa solución. ¿Qué hacemos nosotros? Echamos mano de los recién graduados de magisterio para ubicarlos en las plazas que ellas dejan”, aclara el delegado.

Toledo, maestra de profesión, coincide con el profesor al referir que las deudas es la causa más frecuente de la migración femenina en el norte del país.

“Ellas llegan a nosotros por contactos de conocidas, y siempre vienen desorientadas y con deudas a cuestas. No saben cómo conseguir un trabajo. Entonces tratamos de orientarlas”, apunta.

Usualmente, las envían a albergues de la zona, conocidos como sitios de acogida, y les indican dónde buscar empleo. Así, recurren a los diarios de la ciudad y a las agencias de empleo, según menciona Espinosa.

“Los puestos de trabajo que salen son trabajos domésticos y para cuidar ancianos, por eso los españoles buscan emplear sólo mujeres. Los salarios rondan entre los 800 y 900 euros en promedio (entre 984 y 1,100 dólares, o sea, hasta más de 23 mil córdobas)”, detalla Toledo.

Sin embargo, “a veces los empleadores sólo quieren pagar 750 euros (922 dólares, casi 20 mil córdobas) aprovechándose de que son ilegales, y aquí el costo de la vida es alto también, así que eso es poco”, comenta Toledo, que lleva cuatro años como migrante en España.

Se suman los abusos de empleadores

Otras veces “los empleadores no quieren ni siquiera dar ningún día libre, ni siquiera las dos horas libres a las que tienen derecho cuando trabajan de corrido en la casa. No pagan las vacaciones ni las extras que es lo que en Nicaragua llamamos el aguinaldo, sólo porque son ilegales, y por todo eso velamos”, destaca Toledo.

Las migrantes también son presa fácil para redes de prostitución. “Nos ofrecen hasta 4 mil euros (4,900 dólares) al mes si nos prostituimos, y bueno, algunas dicen: ¿Por qué no? Pero la verdad es que buena parte no se arriesga, ese fue mi caso, porque la verdad es que es bien peligroso”, dice Espinosa.

Al respecto, Toledo subraya que en la Asociación el consejo es no dejarse embaucar y no someterse a ese tipo de redes o contactos. “Hemos tenido ya casos de prostitución.

Incluso a una chica la trajeron engañada, le prometieron un trabajo de doméstica, pero vino a prostituirse. Se logró rescatar, pero es bien difícil, así que tratamos el tema con regularidad para evitar que ellas sean víctimas de esas redes, la verdad es que las migrantes pasan por muchos riesgos, es la verdad”, puntualiza Toledo, maestra que por la solidaridad que muestra, ya es vista como un “ángel” por sus compatriotas.

LEA EN LAS PRÓXIMAS EDICIONES:

Falta voluntad política para frenar migración femenina

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