Fervor y destrezas en Vía Crucis del Tepeyac

  • Donde la fe, la religiosidad y la actuación rememoran la Pasión, Muerte y Resurrección de Jesucristo

Por: Emiliano Chamorro

LA PRENSA / SAN RAFAEL DEL NORTE, JINOTEGA

La fe, el fervor y la actuación se conjugaron en el tradicional Vía Crucis Penitencial de San Rafael del Norte, Jinotega, donde centenares de feligreses, mucho menos que en años anteriores, recorrieron todo el trayecto, desde la iglesia San Rafael Arcángel hasta el Tepeyac, rememorando de esa manera la Pasión y Muerte de Jesucristo.

En el Vía Crucis fue admirable la fortaleza de decenas de ancianos que, pese al inclemente sol y a su edad, subían hasta el Tepeyac, que consta de 14 estaciones y de unos 150 metros de altura.

“El Vía Crucis del Tepeyac tiene grandes valores religiosos donde también se mezcla con el arte de la actuación a través de la Judea, en que se puede ver como los jóvenes rememoran la Pasión de Nuestro Señor Jesucristo”, afirma el sacerdote Silvio Romero, párroco de San Rafael del Norte.

Al tradicional Vía Crucis llegan peregrinos de todo el país por dos razones: la primera, participar de la original actividad litúrgica y segundo para visitar la tumba del padre Odorico, a quien se le atribuye dones de evangelización y de ser gran constructor de muchas obras en el pueblo.

Sofía Lanzas tiene varios motivos para viajar de Managua hasta San Rafael del Norte y participar en casi todas las actividades religiosas de Semana Santa. Dice que nació en ese pueblo, donde el padre Odorico D’Andrea es recordado como un santo.

“Yo fui bautizada y confirmada por el padre Odorico D’Andrea. Y mi fe desde muy pequeña está marcada por la santidad del Padre. Pese a que se nos ha ido físicamente, consideramos que siempre está con nosotros”, revela Lanzas.

En la capilla del Tepeyac, ubicada en la parte más alta de los alrededores del pueblo de San Rafael del Norte, siempre hay visita de los peregrinos que llegan de diferentes comunidades del pueblo.

Además de realizarse uno de los Vía Crucis más originales del país, es también un sitio muy venerado, ya que allí se encuentra la tumba del siervo de Dios, Odorico D’Andrea, considerado un icono de santidad por los lugareños, quienes a 20 años del fallecimiento del sacerdote italiano aún sus huellas calan en el corazón de los fieles.

LA FE EN EL NAZARENO

Gilberto Herrera, originario de San Rafael del Norte, ha recorrido todo el trayecto acompañando a una niña en silla de ruedas. El sudor recorre sus mejillas, mientras se detiene en la undécima estación.

“Yo vengo todos los años al Vía Crucis a pedirle a Jesús por mí y por mi familia”, agrega la niña de 11 años, quien dice llamarse Milagros.

“Lo que hemos querido es que junto a la Judea se haga el Vía Crucis litúrgico como un modo de evangelización”, agrega el padre Romero.

Por su parte, Miriam Rizo, de 19 años, con los ojos vendados tocó la túnica de Jesús, mientras caminaba a paso lento bajo los fuertes destellos del sol.

“Yo padezco de epilepsia y vengo con fe de que el Señor me va a curar”, manifestó la joven que se hacía acompañar de su madre María del Rosario Montenegro, quien dijo a LA PRENSA que fue sanada hace unos meses de la vesícula por la intercesión del padre Odorico.

De rodillas, con los ojos vendados y caminando descalzos, los fieles pedían a Jesús sanar sus males y restaurar a sus familias.

“La sangre de Jesús es la que nos sana y nos da la fortaleza. Por eso es que hemos venido hoy desde Los Cedros para pedirle a mi Jesús por mi salud y la familia”, dijo don Vicente Lazo.

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