A un año del fraude: Jinotega, un botón de muestra

POLÍTICA

  • Triunfo arrebatado de las manos a los liberales
  • Este lunes se cumple un año de las denuncias de fraude en las elecciones municipales. Domingo visitó Jinotega, una ciudad clave en aquel proceso, y donde la sombra del fraude sigue empañando la vida de sus vecinos

Propaganda liberal en una calle de Jinotega. A un año de las denuncias de fraude en las elecciones municipales, muchos jinoteganos no aceptan a las autoridades designadas por el CSE.

Por Carlos Salinas Maldonado y Félix Rivera

FOTOS DE LA PRENSA/URIEL MOLINA Y F. RIVERA

MANAGUA Y JINOTEGA

Al caer la tarde en Jinotega la niebla comienza a cubrir los picos de las montañas que aquí, milagrosamente, se mantienen verdes. Es un velo gris que se despliega lentamente sobre la pequeña ciudad humedeciendo las viejas casonas con sus techos de tejas, las bancas del parque donde se sientan los jóvenes universitarios a piropear tímidamente a las muchachas y las calles amplias llenas de pequeños negocios –aquí el billar, allá el casino, por acá este restaurante, allí ese cafetín, más allá la sorbetería– donde la gente se reúne, arropada en suéter o chaqueta, a despedir la tarde y a hablar de lo que aquí es un tema de actualidad desde hace un año: las denuncias de fraude electoral que, dicen, le arrebataron la victoria al candidato liberal, Germán Zeledón.
En el pequeño comedor Las Marías –cercano al casino y el billar– Rubí Zeledón Valenzuela (no es pariente del ex candidato, aclarará más tarde) habla con voz fuerte por el teléfono. A veces  grita. Su voz es tensa y áspera, raspa los oídos. Dice que condena las agresiones contra los opositores del Gobierno. Llama dictador al presidente Daniel Ortega y grita que es necesario comenzar un cambio.
–Me estaban entrevistando de una radio de Managua–, dice la mujer cuando cuelga el teléfono y mira al grupo de comensales que ocupa la única mesa llena del comedor.
Rubí Zeledón Valenzuela es una activista política de Jinotega. Fue concejal por el APRE y diputada suplente por el PLC. Abandonó el partido descontenta con el caudillismo de Arnoldo Alemán y ahora simpatiza con el Movimiento Vamos con Eduardo, aunque dice que apoyó al candidato del PLC, Germán Zeledón, durante la campaña municipal de 2008. Ha conformado junto con otros vecinos de Jinotega una organización que denominaron Jinoteganos Unidos en Defensa de la Constitución. Rubí Zeledón Valenzuela es una fiera opositora del Frente Sandinista en la ciudad. Organiza a la gente para que muestre su descontento. Ella misma se autonombra “la Nicolasa Sevilla de Jinotega”.

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Las boletas marcadas a favor de la oposición aparecieron en basureros de León y Managua.

La noche del nueve de noviembre de 2008, Rubí estaba segura del triunfo liberal en la ciudad. Recuerda la emoción de ese día, los jóvenes activistas liberales llevando rumor por rumor que el PLC había ganado en determinada junta receptora de votos, los votantes esperando impacientes el triunfo liberal.

 
–Todos decían “ganamos, ganamos”. Salimos a celebrar convencidos de la victoria.
Los resultados preliminares del Consejo Supremo Electoral les daban la razón. El informe emitido a las 12:01 de la madrugada del día 10, con 24,939 votos contabilizados –el 72 por ciento de las JRV– le daba la victoria al candidato liberal con 12,680 votos frente a los 11,607 del Frente Sandinista. Horas más tarde, a las diez de la mañana, Roberto Rivas, presidente del Consejo Supremo Electoral, decía que en Jinotega se habían escrutado el 98.6 por ciento de las JRV y el resultado parecía irreversible. El PLC obtenía 19,339 votos. El FSLN perdía con 17,143.
Apoteosis total. Decenas de simpatizantes liberales se tomaron las calles de la pequeña ciudad. Unos 50 vehículos formaron una caravana con estrépito de bocinas, música, gritos de alegría. ¡La alcaldía volvía a ser liberal! La casa de campaña del PLC era una fiesta y la gente se asomaba a las puertas y ventanas ondeando la bandera roja del liberalismo. Rubí Zeledón Valenzuela celebraba.
La alegría duró unos días. A pesar de ese “resultado irreversible”, el 15 de noviembre el Consejo Supremo Electoral declaró vencedor al candidato del Frente Sandinista Leónidas Centeno con 17,982 votos. Los liberales perdieron con 16,586 votos, ¡casi tres mil menos que los votos que habían reportado en el último informe! Una queja de dolor y rabia envolvió las calles de Jinotega como ese velo gris envuelve la ciudad al caer la tarde.
Germán Zeledón es la caricatura viva del político liberal nicaragüense: hombre grueso, de risa fácil y hablar campechano. “Soy el único alcalde ganador con celular enteipado”, dice al mostrar el aparato cuyas piezas ha tenido que unir con cinta adhesiva. “Mire”, dice ahora señalando el rótulo pintado en la fachada de su casa, que lo anuncia como candidato a alcalde, “mire, no han manchado mi pinta. Si lo hacen les saco un AK y les vuelo verga”. Ríe a carcajada limpia, la faja lucha por no soltarse tras los movimientos del abdomen pronunciado. Se refiere a los simpatizantes del Frente Sandinista que han llenado la ciudad con pintas a favor del partido.
Germán Zeledón dice que él es el alcalde legítimo de Jinotega y su oponente, Leónidas Centeno, “el alcalde de facto”, término muy usado por los políticos nicaragüenses tras el cuartelazo contra el presidente hondureño Manuel Zelaya. Germán Zeledón asegura que si las elecciones se organizaran de nuevo estos días, ganaría la alcaldía con el doble de los votos alcanzados en noviembre de 2008.
–La gente en la calle me llama alcalde, me saluda como alcalde– afirma Zeledón sentado en un sillón de su casa, una construcción de cemento y techo de láminas sin mayores ostentaciones. En una esquina, un reloj con su rostro marca las 10:55 de la mañana.
Zeledón recuerda que el PLC sólo contaba con fiscales para ubicar en las mesas electorales, por lo que hicieron “una alianza de hecho” con ALN para lograr colocar, en el 45 por ciento de los 209 colegios electorales de Jinotega, presidentes de mesa, primeros y segundos miembros. Ellos cuidarían el voto liberal.
–Estábamos seguros que podría haber fraude, que querían robarse las elecciones en las mesas electorales. Pero eso no pudieron hacerlo, porque la mayoría en las mesas era gente nuestra–.
El nueve de noviembre la elección en Jinotega marchó bien. En las JRV la gente hacía filas para votar. Los liberales, cuenta Zeledón, veían extrañados que en esas filas pocos eran los votantes sandinistas. “La mayoría era liberal y gente sin partido”.
La votación se desarrolló sin mayores incidentes. Los colegios electorales cerraron a las siete de la noche. En Datanlí –a 18 kilómetros de Jinotega– Zeledón dice que la presidenta de una de las cuatro JRV de la zona derramó tinta sobre el acta de escrutinio para que “no la tomaran en cuenta”. Luego la rompió. Los liberales informaron a la Policía, “pero no hicieron nada”. Lo mismo pasó con la Fiscalía de Jinotega, explica el político. De todos modos Zeledón dice que el PLC ganó allí las elecciones con 211 votos frente a los 192 del FSLN.
Otra irregularidad se registró en Sisle, a 22 kilómetros de Jinotega. En una de las JRV de la zona, explica Zeledón, un fiscal del Frente Sandinista, “al ver que los resultados no los favorecían”, impugnó la votación y rompió el acta “sin dar argumentos”. Los liberales acudieron de nuevo a la Fiscalía, “pero la denuncia no prosperó”.
A pesar de esas irregularidades, los liberales estaban seguros de que el triunfo era de ellos. A las 12:01 del 10 de noviembre el Consejo Electoral Municipal emitía el primer informe que le daba a Zeledón una ventaja de más de mil votos frente a su oponente sandinista. A las diez de la mañana del mismo día el presidente del Consejo Supremo Electoral, Roberto Rivas, anunciaba que los resultados de Jinotega eran “irreversibles”, por lo que Zeledón encabezó una caravana que gritaba su triunfo por la ciudad. Según los datos de Rivas, el liberal ganaba con una diferencia de 2,196 votos.
Esa misma tarde comenzaría la pesadilla. El presidente del Consejo Electoral Departamental, Ricardo Altamirano, ordenó el traslado a Managua de todo el material electoral. Los liberales, seguros del triunfo, dejaron salir los paquetes y continuaron con sus festejos. Dos días después, con Zeledón ya seguro de ser el alcalde electo, los resultados de las votaciones de Jinotega se “perdieron” en el sitio de Internet del CSE. El liberal no sabe qué pasó. Los técnicos no pueden responder. La noche del sábado 15 de noviembre, el CSE anunció nuevos resultados a favor del FSLN y el día 17, el organismo declaró vencedor al candidato sandinista Leónidas Centeno con 17,982 votos frente a los 16,586 del liberal. Una diferencia de más de 1,300 votos.
–Las elecciones no se las robaron en las mesas electorales, eso lo hicieron en Managua, en Metrocentro– dice Zeledón.
–¿Qué información tiene?
–Cuando llegaron allá los paquetes electorales –responde– los sandinistas querían impugnar 21 JRV, que no habían sido impugnadas aquí, en su momento, como debe ser. El PLC peleó para que no las impugnaran. Sabemos que en Managua volvieron a hacer las actas sumatorias. En 21 JRV cambiaron los resultados, les pusieron un palito. Si una JRV tenía 34 votos para el Frente, ellos le agregaban un uno, para hacer los 134 votos.
Y Zeledón muestra documentos para respaldar su denuncia. Saca actas firmadas por funcionarios del CSE, páginas llenas de números preparadas por técnicos liberales, hojas de cálculo. Explica que en la JRV 8093-6 de Paso Real –a 32 kilómetros de Jinotega–, el acta sumatoria daba la victoria al PLC con 84 votos frente a los 29 del FSLN. Días después la misma acta firmada por Róger Espinoza, presidente del Centro Electoral Municipal, daba el triunfo al FSLN con 129 votos frente a los 84 del PLC.
Lo mismo ocurrió con los datos de la JRV 8131-3 de El Cacao, a 8 kilómetros de Jinotega. El acta sumatoria original daba la victoria al PLC con 47 votos, mientras que el FSLN obtenía 34. A los días, una nueva acta mostraba el triunfo sandinista con 134 votos.
–Lo hicieron con las juntas pequeñas, para disfrazar el fraude– dice Zeledón.
–¿Qué hicieron ustedes tras la publicación de los nuevos datos?
–Sentíamos como si nos hubieran pegado un balazo, como cuando te violan a una hija. La gente salió a las calles, organizamos marchas. Muchos venían armados de la montaña.
–¿Pusieron denuncias?


–El 17 de noviembre pusimos un recurso ante el CSE solicitando que se revisaran las actas, pero no prosperó.
Zeledón dice que el 22 de diciembre interpusieron ante la Fiscalía de Jinotega una acusación contra funcionarios locales del CSE y los magistrados Roberto Rivas y Emmett Lang por fraude, falta de fe pública, alteración de cifras, violación a la Constitución y por peculado y cohecho, pero hasta ahora no ha habido una resolución.
–Realmente en este país estamos desarmados– suelta el político liberal.
Ana Isabel Sequiera es la fiscal de Jinotega. Es una mujer joven, enjuta, que usa mucho maquillaje y habla moviendo las manos. Esta tarde los periodistas le piden una entrevista. ¿Sobre qué caso?, pregunta la fiscal. Y cuando se menciona la acusación interpuesta por Zeledón, frunce el ceño y pide disculpas, que ya regresa. Se encierra en su oficina y cinco minutos después regresa con una sonrisa.
–Discúlpenme, es que no tengo luz en mi oficina.
–Fiscal, ¿qué pasó con la denuncia hecha por el ex candidato a alcalde?
–No sólo recibimos esa denuncia. Otras personas también realizaron denuncias en calidad de ciudadanos de Jinotega. Recibimos siete denuncias por delitos electorales.
–¿Cómo están esos casos?
–Están pendientes de resolver por algunas diligencias: recepción de documentos, entrevistas. Estamos a la espera de que el CSE nos remita algunos documentos.
–¿Es normal que un caso dure tanto tiempo en resolverse?
–Jinotega es un departamento altamente delictivo y los fiscales no damos abasto para todos los casos, se necesita más personal. En 2008 recepcionamos 2,300 casos.
–¿Y no resulta más fácil resolver los casos electorales siendo tan pocos?
–Yo priorizo los casos de asesinatos, de violaciones…
–¿Habrá resultado para la acusación del candidato Zeledón?


–A finales de este año podría estar resuelto ese caso. No quiero terminar el año con casos pendientes.
Al mediodía el improvisado mercado de Jinotega es una caldera. A pesar de que esta región del país es fresca, el mercado parece tener un microclima propio. Aquí el sol se siente más abrasador, muerde la piel con sus rayos. Los pasillos del mercado, con sus tiendas hechas de madera, dan una sensación de encierro. Allí están los comerciantes, gritando sus mercancías, llamando a los clientes. ¿Qué busca señor? ¿En qué le puedo ayudar? ¿Qué le ofrezco? Están aquí a falta de un mercado municipal completo, una obra dejada apenas comenzada por el alcalde anterior y promesa de campaña de Leónidas Centeno.
Sentada en un banco en la entrada de su tramo está Isabel Rayo, comerciante de ropa y calzado. Hay pocos clientes en el mercado, por lo que Isabel mata el tiempo llenando un crucigrama. Interrumpo su actividad. Le pregunto por la gestión del alcalde electo y ella mira fijo, lanza la siguiente frase:

–Vos tenés que estar claro que él no ganó las elecciones.
Isabel deja a un lado su periódico y explica que el alcalde no ha cumplido su promesa, que siguen en estos pasillos calurosos donde no llegan los clientes, que las ventas están malas, que muchos comerciantes han decidido cerrar…

–¿El alcalde los ha visitado?

–No. Dice que va a venir, pero no viene. Aquí lo estamos esperando.

Rayo no apoya la gestión de Centeno. Dice que un año después de haber sido designado por el Consejo Supremo Electoral el alcalde no ha cumplido con sus promesas. “Lo que vale es el trabajo. Si hago bien mi trabajo por eso me van a reconocer”.
Juan Carlos Flores tiene un tramo de calzado frente al de Isabel. Escucha la conversación y se mete.

–¿Qué opina del alcalde?

–Ese no le pone interés a la ciudad, solo a su salario. De sandinista no tiene nada, un verdadero sandinista tiene que moverse para ganarse a la gente.
–¿Usted es sandinista?


Juan Carlos lo piensa unos minutos. Suelta una risita nerviosa mientras mira a todos lados.
–Estee… Lo que está a la vista no necesita de anteojos– dice tímido.
A unos pasos del tramo de Juan Carlos otra comerciante de ropa, Rosario Castillo, dice que nunca ha visto al alcalde, que no lo conoce. Dice que los comerciantes están desesperados, ahogados en deudas, con ventas que no arrancan y que las autoridades ni se acercan.
–No creo que ganó las elecciones –dice–, necesitamos un alcalde que mire por todos, no solo por un lado.
Roberto Herrera es jefe de la bancada liberal en el Concejo. Esta mañana Herrera participa en una sesión ordinaria de la Alcaldía en la que se discute el futuro del mercado municipal. En la reunión no está el alcalde. Viajó a Managua a realizar unas gestiones.
Herrera dice que las cuentas de la Alcaldía andan mal. Las recaudaciones se han reducido “drásticamente” y de abril a junio de este año las arcas edilicias dejaron de recibir 15 millones de córdobas en impuestos, más otros once millones que el Gobierno central no entregará en el rubro de transferencias municipales. Es decir, un hueco de 26 millones de córdobas que según Herrera afectará el presupuesto para el próximo año.
El concejal dice que la baja recaudación se debe a la crisis económica que atraviesa el país, a la inestabilidad política y la decisión de algunos comerciantes de no pagar impuestos a una alcaldía que “consideran espuria”.
–Muchos empresarios jinoteganos, algunos con préstamos ya aprobados, han dicho que no van a invertir y van a esperar qué sucede en 2011.
La baja en las recaudaciones e inversión afecta el trabajo de la comuna. El concejal explica que se ha reducido el alcance de los 45 proyectos programados este año y que la subejecución supera el 60 por ciento. La Alcaldía, explica Herrera, trabaja este año con un presupuesto programado de 110 millones de córdobas. Esa cifra se reducirá hasta 78 millones en 2010.
Un panorama diferente dibuja Benjamín Ruiz, concejal por el FSLN. Ruiz dice que no hay reducción en las recaudaciones, que la Alcaldía trabaja con los montos programados y que se recogerá un monto igual o más alto de impuestos al finalizar el año. “Vamos bien, estamos trabajando bien”, afirma el funcionario.

–Los concejales liberales dicen que habrá disminución del presupuesto para el próximo año–.
–Para 2010 tenemos proyectados 78 millones, pero tenemos otras entradas que pueden hacer que llegue hasta los cien.
–Hay críticas de los vecinos, dicen que la Alcaldía beneficia a miembros del FSLN.
–Aquí no se dan esas cosas–.
–¿Cómo es su relación con los vecinos? ¿Recibe críticas por las denuncias de fraude en las elecciones municipales?
–No siento presión por parte de la gente. Camino a pie, me siento en las esquinas a comerme una enchilada, voy en mi vehículo y nadie me dice nada.
Domingo intentó conocer la versión del alcalde Leónidas Centeno sobre las críticas a su gestión y las denuncias de fraude electoral, pero el edil no regresó en todo el resto de la tarde a la Alcaldía. Hubo un nuevo intento al día siguiente, pero en la sede municipal su asistente, Karen León González, dijo que el alcalde “había salido al campo” y, como para evitar un nuevo intento de los periodistas, dijo que el edil no estaría el resto de la semana, porque “el viernes tiene que estar en Managua”.
“Él ni siquiera va a las sesiones ordinarias”, dice Rubí Zeledón, una de las habitantes de Jinotega que más oposición pone a la gestión de Centeno. En su comedor cercano al centro de la ciudad en brumas a esta hora de la tarde,  Zeledón confiesa que ella decidió no pagar impuestos de bienes inmuebles para “evitar que sigan haciendo sus cosas”. A su negocio, dice, llegan mensualmente funcionarios del Minsa para revisar si cumple con las medidas higiénicas.
–Yo les digo, “jodido, no vengan a revisar que no me van a encontrar nada”. Que me digan de una vez si lo van a cerrar.

–¿No tiene miedo?

–No –afirma–. No hay que tenerlo. Aquí solo falta que nos pongan el fierro y digan yo soy tu dueño.

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